
La opinión de Alfredo Barajas
México no está bien, pero hoy parece estar mejor que ayer. Los acontecimientos recientes, cuyas repercusiones aún sacuden el tablero de la seguridad nacional, dejan como saldo la presunta muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Aunque la ausencia de un cuerpo alimenta el escepticismo, su salida de la escena marca un hito para la organización criminal más poderosa de América.
Sin embargo, la noticia es agridulce. La historia nos ha enseñado que una estructura de tal magnitud no se edifica en la sombra, sino bajo el amparo de complicidades de alto nivel. Una organización criminal no se desarticula simplemente eliminando la cabeza; se requiere una cirugía profunda en las redes de financiamiento y protección política.
Si Oseguera estuviera vivo y frente a un tribunal, las preguntas serían devastadoras: ¿Quiénes permitieron su ascenso durante los sexenios de Calderón, Peña Nieto y López Obrador? Es difícil imaginar que alguna de estas administraciones saldría ilesa. Un imperio de este calado no prospera si el Estado es un enemigo real y frontal.
Hoy, mientras el grupo criminal se reestructura, el Estado mexicano tiene una oportunidad de oro: retomar el control absoluto de la seguridad. Si no se implementa una estrategia permanente que nos devuelva la libertad, seguiremos habitando las sombras de un Estado fallido.
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